Observación didáctico-práctica en Cañada Honda (GILENA)

 OBJETIVO:                 -Observación didáctico-práctica en Cañada Honda (GILENA).

ORGANIZADO POR: -Área de Cultura del Aytmto. de Gilena y  Federación de Asoc. Astronómicas «Cielo de Comellas».

RESPONSABLES ORGANIZATIVOS:

                                     -Aytmto. de Gilena: Ángela

                                     -Fed. As. As. C. Comellas: Israel Pérez de Tudela

ASISTENTES DE LA FEDERACIÓN Y EQUIPO TÉCNICO:

  •  Israel Pérez de Tudela: Telescopio Cassegrain. VISAC 200 mm. Focal 1800 f9. Montura HEQ 5.
  •  Manuel Fdez. Morales: Telescopio Refractor TS ED 80/560 f7. Montura CG5-GT Advance.
  • Isabel Roblas:                  Telescopio Dobson 300 mm. F 4,5
  • Felipe Zambrano:            Telescopio ETX , 70 mm. Focal 350 mm.
  • José Mª Rivas:                 Prismáticos Vívitar 10 x 50 sin trípode.

 

Observación astronómica en Gilena

A falta de la opinión oficial del Área de Cultura del Ayuntamiento de Gilena y de los propios visitantes, la plantada de la noche del pasado 24 de Agosto fue, en nuestra opinión, todo un éxito a todos los niveles: organizativo, (por ambas partes, Aytmto. de Gilena y FAsAsCiCo), participativo y didáctico.

Ya en el punto de encuentro de la salida tuvimos la primera buena noticia al comprobar la fantástica preparación que Felipe Zambrano había hecho del programa de observación que Isra había definido días atrás. Una ficha para cada una de las observaciones con todos los datos y características del objeto. No pude, por menos, que darle fe con mi cámara.

Fuimos en dos coches (Isra y Felipe) y después de repartirnos personas y aparataje, partimos sobre las 20 hs. aprox.

El viaje fue muy ameno y bastante distraído con comentarios y referencias astronómicas como casi siempre. Lo mas llamativo, sin duda, fue un comentario de Isra sobre un tira y afloja con Felipe en cuanto a la hora de salida de Júpiter por el horizonte. Claro, los dos tenían razón, lo que pasaba es que nosotros íbamos a Gilena y para verlo salir a la hora que decía Isra nos teníamos que ir a París que parece ser era el lugar que puso Isra en el Stellarium para montar el programa.

Como aficionado a la Astronomía y la fotofrafía debía estar pendiente del paisaje y de los Astros. Y como el mas cercano y conocido es el Sol, me ocupé de dejar constancia, a pesar del movimiento del coche, de la puesta que sucedía a nuestras espaldas. También alguna que otra del paisaje.

Llegada a Gilena con tiempo para tomar un café en la Peña Bética, único sitio abierto por allí cerca. Encuentro con Ángela del Área de Cultura y previo saludos y presentaciones tomamos camino hacia Cañada Honda a las afueras del pueblo. Parecía fácil seguir el coche de la Srta. Ángela, pero nos perdimos antes de salir del pueblo sin saber muy bien como. Yo creo que Isra seguía en París.

Cuando llegamos al lugar de observación, ya había público esperándonos: buena señal, esto empezaba bien. Entre ell@s el Sr. Antonio J. Robles que ya nos anunció su presencia por la lista.

Un buen detalle organizativo: doscientos metros antes del propio lugar de plantada ya se habían puesto vallas para que los coches de l@s visitantes no invadieran la zona y se perturbara con los faros a la hora de irse. Los árboles que había en esos doscientos metros hasta la zona de plantada hacían el resto en cuanto a protección lumínica.

En un santiamén telescopios montados. Estos chicos lo tienen por la mano. Tardé yo mas en buscar los prismáticos en el maletero del coche y sacarlos de la funda que ellos en montar los «teles».

Era el momento de la charla introductiva: máxima expectación, silencio absoluto y….¡¡alarma, el megáfono no funciona!!. Isra no lo podía creer. ¡Pero si es nuevo!, decía. Bueno, como está en garantía, lo descambiaré.

Charla de viva voz, completa, con datos suficientes del programa, anuncio de lo que sucedería unos minutos después, advertencias oportunas sobre los tropiezos con las patas de los «teles» y las luces de móviles y linternas. …Y a la de ¡¡ya!! a los telescopios que «el señor de los anillos» y la Luna en su bella mitad estaban esperando.

Fue de lo mas agradable comprobar cómo tod@s los visitantes, de forma automática y natural, formaron ordenadamente una fila detrás de los telescopios y cada un@ a esperar su turno.

Saturno y la Luna se dejaban querer ante tanta expectación, pero sería por poco tiempo. El anuncio de Isra en la charla había calado hondo y los smartphones de l@s aficionados mas entusiastas no paraban de apuntar al noroeste con sus programas estelares en funcionamiento. El run-run de un@s y otr@s iba “in cressendo” a medida que la hora se aproximaba. Los telescopios se habían quedado solos y la media cara de la Luna parecía pálida y triste porque nadie la miraba. A Saturno, que es un pasota, no le importaba porque se entretenía con Marte y Spica. Todo el mundo buscaba un hueco entre los árboles mirando el horizonte del noroeste.

Y pasados 14 minutos y algo de las 22 hs, alguien gritó: “¡¡la tengo, allí está!!”. ¿”Donde, donde”?, preguntaban los niñ@s y los mas bajitos. ¡”Alli, por encima de la montaña”!.

No hubo que esperar mucho. Segundos después todo el mundo, casi al unísono, decía: ¡¡”Ah sí, allí está, la veo, la veo”!!. ¡¡Jo, qué pasada!!.

Y allí avanzaba, aparentemente lenta, pero con paso firme y seguro, la Estación Espacial Internacional (ISS) con su brillante luz tomada prestada de un Sol que se había escondido un rato antes.

Le sugerí a Isra que diera algunos datos y cuando comenzaba a hablar, ¡nueva sorpresa! pero esta vez mas agradable: Pablo, el hijo de Felipe, había “resucitado” el megáfono simplemente poniéndole las pilas con la polaridad correcta. Confirmado: Isra no había vuelto de París.

No es fácil coincidir con la ISS cuando se hace una concentración como ésta y mas aun que pase por encima de nuestras cabezas”. “Hemos tenido mucha suerte esta noche”. “Voy a dar algunos datos”. empezó a decir Isra.

Altura 433 kms, velocidad entre 25 y 30 mil kms/hora. Aunque nos parezca cercana, ahora, en este momento, sobrevuela Asturias y Cantabria”. “Creo que son entre ocho y diez astronáutas los que la ocupan en estos mom…”. No había acabado la frase cuando la brillante luz empezó a languidecer, apagándose poco a poco como si esa luz funcionara con una moneda y el tiempo establecido se hubiese acabado.

Al ¡¡oooooooooooooh!! lastimero final siguió un estusiasta aplauso colectivo que duró casi mas que el paso de la ISS. Sólo faltó el saludo a la concurrencia de un astronáuta agitando un pañuelo a través de una ventanilla. Hubiese sido un detalle.

A continuación vinieron una lluvia de preguntas y curiosidades para saber mas sobre la Estación: su órbita, misión, funcionamiento, tiempo medio de permanencia de los astronáutas, etc., e Isra no daba abasto.

Sin duda fue un comienzo apoteósico, fantástico. L@s que llegaban en ese momento se lamentaban y l@s que lo habían visto se lo contaban.

Con el entusiamos a tope empezaron de nuevo a tomar posiciones detrás de los telescopios formando nuevas colas y a la Luna le cambió el semblante. Saturno, sin importarle l@s que habían ido a verlo, ya estaba muy bajo, casi escondiéndose.

Para animar la espera, a l@s de las colas les ofrecía echar una miradita a la Luna con mis prismáticos. Con las expresiones de satisfacción de l@s niñ@s y jóvenes, se empezó a correr la voz y casi sin darme cuenta me encontré con mas cola que en algún telescopio.

 Claro, los niñ@s iban con los papás y después de l@s peques miraban ellos y l@s jóvenes iban en grupo y cuando miraba un@ y decía: “ostras, qué guay”, l@s otr@s no se lo querían perder. Total, un éxito rotundo con mis 10×50 y sin trípode. No me lo podía creer.

También es verdad que algunos, (o muchos), después de mirar la Luna con algún “tele”, sobre todo con el de Isra o Isabel, me miraba como diciéndome: “tio, cómprate un telescopio que vaya birria de Luna se ve con eso”. Bueno, vale.

Aproveché, sin embargo, para recordales a l@s mas peques y no tan peques que nunca se debe mirar al Sol con unos prismáticos y sin una persona adulta y entendida al lado.

La noche y el programa siguió su curso y nosotros con ella. Una novedad importante, en mi opinión, y creo que es compartida, fué que antes de cada objeto del programa a visionar, se anunciaba y explicaba, megáfono en mano, los datos y características mas importantes de ese objeto; Isra daba la información que sabe de memoria y la que no recordaba se la apuntaba yo de los datos recopilados en los apuntes de Felipe y el catálogo Messier. Creo que fue una iniciativa interesante y oportuna a considerar para próximos encuentros con grupos externos y no tan externos.

Del cielo profundo, Andrómeda fue la “estrella” según los comentarios y preguntas que escuché. Para el público menos experimentado en mirar por oculares, las dificultades fueron considerables en la observación de algunos objetos de cielo profundo. Pero la paciencia y constancia de nuestra gente conseguía lo que parecía imposible.

A destacar la participación y colaboración de Pablo, hijo de Felipe, durante gran parte de la noche, ocupándose, en todos los sentidos, del telescopio de Isra y sus observadores durante las explicaciones que Isra daba de los objetos y mientras respondía las incesantes preguntas y curiosidades de los visitantes.

Las montañas de Norte a Este que bordeaban la plantada hicieron retrasar la aparición de Júpiter. Pasaban 15 o 20 minutos de la hora prevista cuando hizo su aparición y ya no quedaba casi nadie de los visitantes.

Nos recreamos mirando al “gigante” desde los cuatro “teles” mientras Isabel lo contemplaba en un dulce sueño dentro de un coche.

Ya mas relajados se oyeron los primeros comentarios sobre el evento y tod@s coincidimos en felicitarnos por lo bien y satisfactorio que había funcionado todo.

Con esas buenas sensaciones empezamos a recoger no sin antes interrumpir los dulces sueños de Isabel que vete tu a saber donde la habían llevado.

A la vuelta el objetivo era encontrar un sitio abierto para tomar algo calentito; las magdalenas las ponía yo. Manolo dijo que no habría problema, que a lo largo del camino “muchas” ventas o estaciones de servicio estaban abiertas toda la noche. Si había, por ejemplo, ocho sitios en todo el recorrido, parábamos siempre en los que estaban cerrados y cuando ya se decidió no parar mas, los que nos encontramos a continuación todos estaban abiertos. Resultado: llegamos a Sevilla sin tomar nada calentito.

Al despedirnos en “Los Arcos”, escuchamos susurrar a Isra para sí mismo mientras se alejaba para coger el coche: “A pesar de la Luna no estaba mal este cielo de los alrededores de París…”.

Un abrazo a todos.

José Mª Rivas.

 

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